Cuento de Joaquín Monacci
El papá de Diente Blanco era el jefe de toda la manada, era fuerte, divertido, veloz, ágil, alto y bueno. La mamá era buena, ágil, rápida (veloz), divertida (como el papá) y alta.
Diente Blanco era travieso, desobediente, bajito, malvado y veloz.
Le pusieron el nombre Diente Blanco porque nació con un diente muy blanco.
Una noche con mucha niebla hubo un incendio tan grande que casi quema todo el bosque, nadie se había muerto pero el papá de Diente Blanco estaba muy herido (quemado), fue la primera vez que Diente Blanco estaba tranquilo, callado y quieto.
Los lobos se comunican entre sí con gruñidos, y algún ladrido. Por ejemplo cuando había un peligro ladrar lo más fuerte posible, cuando iban a pelear contra alguien gruñir lo más fuerte posible y así les fue explicando toda la noche
Entonces Diente Blanco se acercó a sus padres… y habló. ¡Pero habló como un ser humano!
“– Yo sé como encender fuego porque cuando el incendio empezó yo estaba allí, por eso se como prender el fuego –.
Después dijo“– ¿Porque no hablan como humanos? es más fácil entendernos –
La madre respondió “– Tenés razón es más fácil entendernos sí hablamos como humanos –
Entonces les dijo“– Que agarraran muchas maderitas que las pongan en el fondo de la cueva y que lanzaran una piedra con mucha fuerza hacia la pared de piedra y que entonces sale una chispita y prende fuego las maderitas.
Les fueron enseñando a hablar como humano a las otras manadas, pero ningún humano los tenía que descubrir que hablaban como humano y prendían fogatas.
Entonces cada día de luna llena aullaban a la luna para agradecerle a Diente Blanco por enseñarles todas esas cosas.
Autor: Joaquín Monacci